Es una ciudad encantadora, histórica y relajada, conocida por su casco antiguo medieval Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el río Aar que la rodea, y su símbolo, el oso, visible en su nombre y en un parque. Combina un ambiente tranquilo y seguro con una belleza natural y arquitectónica, con calles empedradas, fuentes y torres, ofreciendo una experiencia más íntima y menos internacional que otras ciudades suizas, ideal para explorar a pie y disfrutar de actividades al aire libre como nadar en el río en verano.